Del Cazador

En el árbol escondido y encogido

con el fusil cargado

Franco, el cazador intemible

al jabalí espera en la noche interminable.

 

Donde el horizonte se acaba,

detrás de los maizales al romper el alba,

del rojo carmesí se apropia

cuando comienza a despertar el día,

todo es quietud – pero a la sazón

del bosque saltan un tejón,

dos osos, tres lobos, cinco jabalíes,

los lirones y los faisanes

y por cierto también codornices y conejos,

las gamuzas y los zorros,

las marmotas y los ciervos.

En el claro del bosque se reúnen todos

con sus trajes de caza puestos,

los verdaderos, del color de los abetos.

 

Por los animales Franco es capturado

sin que el fusil se haya disparado,

es llevado entre los matorrales,

por los montes impenetrables

hasta el Karst, a una de sus cuevas,

a la principal, la más grande de todas.

Está para el banquete adornado

todo, para el cazador,

que en la mesa está acostado.

Cuando suena el cuerno.

Franco mira a su entorno

hay cabezas por las paredes,

¡verdaderas cabezas de los cazadores!

 

Se despierta al ver esto.

Al principio con desconcierto,

Luego corriendo vuelve a su hogar

para nunca jamás volver a cazar.

 

Traducción de Andreja Dolinar Hrovat